Internet y la distracción de la realidad

Que las nuevas tecnologías han transformado nuestra vida cotidiana es algo evidente. Basta desviar la mirada un segundo de nuestro teléfono celular en un colectivo, o en la vía pública, para confirmarlo. Tablets, computadoras, teléfonos, redes sociales, páginas webs y blogs son parte de la parafernalia tecnológica que alteró nuestros modos de comunicación y sociabilidad. Lo que no está claro es dónde iremos a terminar.
            En el campo educativo la cosa es un tanto delicada. Los sistemas educativos del mundo no están preparados para enfrentar el desafío que las nuevas tecnologías suponen. En primer lugar porque la estructura curricular y las propuestas ministeriales continúan avalando una educación individualista, meritocrática, reproducitivista y escindida de la realidad. En segundo lugar, y sumándose a lo anterior, una buena mayoría de los docentes son analfabetos tecnológicos. Esto no quiere decir que no sepan usar un teléfono celular o una computadora, sino que ante la evidente presión que ejercen las nuevas tecnologías son pocos los que encuentran herramientas en su formación para aplicarlas de modo constructivo. Ello, desde luego, no es una crítica a los docentes, sino un llamado de atención sobre la formación de la que disponemos. La contradicción entre la instrucción y lo que ocurre en las aulas es cada vez más evidente: En tanto la estructura curricular siga exigiendo reproducción las nuevas tecnologías seguirán arrojando “copiado y pegado”. Hasta se han diseñado plataformas que se comercializan en institutos educativos cuyo objetivo es escanear trabajos de estudiantes para corroborar de qué páginas se ha plagiado determinados pasajes. (Turintin o duplichecker son algunas de ellas).

Fragmento de un discurso de Theodor Roosevelt. 1899



Theodor Roosevelt. 1858-1919

El desarrollo de la paz entre las naciones está confinado estrictamente a aquellas que son civilizadas. Con una nación bárbara la paz es condición excepcional. En los confines entre la civilización  y la barbarie, la guerra es generalmente normal. Que los bárbaros sean el indio rojo en la frontera de los Estados Unidos, el afgano en los confines de la India Británica o el turcomano quien limita con el cosaco de Siberia, el resultado es el mismo. A la larga, el hombre civilizado encuentra que no puede conservar la paz más que subyugando a su vecino bárbaro, pues el bárbaro no cederá más que ante la fuerza (…) Toda expansión de civilización trabaja para la paz. En otros términos, toda expansión de una potencia civilizada significa una victoria para la ley, el orden y la justicia. (…) En todos los casos la expansión ha sido un provecho, no tanto para la potencia que se beneficia nominalmente como para el mundo entero.

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Carta de Perón a Raimundo Ongaro, Abril de 1968



Mi querido compañero y amigo:
               Por las informaciones y noticias, he seguido el desarrollo de los acontecimientos ocurridos alrededor del congreso de la CGT y deseo hacerle llegar, junto con mi saludo más afectuoso, mis felicitaciones más cordiales, que le ruego haga extensivas a todos los compañeros que participaron en esa acción, que no solo ha salvado el honor peronista, sino que también ha permitido comprobar fehacientemente la conducta de los que, con diversos pretextos, se encuentran traicionando a los trabajadores y al Movimiento.

Discurso de Perón. 1 de Mayo de 1950

Compañeros
Hoy, un Primero de Mayo más de la etapa justicialista, encuentra reunidos en esta histórica plaza, y en muchas otras plazas no menos históricas de nuestras provincias, a una masa de trabajadores que, festejando la fiesta de su sacrificio, elevan en el altar de la patria el saludo agradecido de sus hijos ante la magnificiencia de esta patria inmortal. A todos ellos, mi saludo y mi abrazo cariñoso, de compañero y de amigo.
El año 1950 será decisivo para el sindicalismo argentino. La confederación General del Trabajo, al frente, con su bandera de lealtad y sinceridad para con la clase trabajadora, ha marcado en su último congreso la etapa más gloriosa del movimiento sindical de nuestra Patria.
El Movimiento Justicialista celebra como su propia fiesta la fiesta de los trabajadores argentinos, primero, porque el Movimiento Justicialista es un movimiento obrero y segundo porque nadie hizo en su beneficio antes que nosotros lo que nosotros hemos hecho.
El año 1949 queda grabado en la historia como el año de la Constitución Justicialista, la Carta del pueblo, la Carta de los Trabajadores, donde se estampan sus derechos que la injusticia humana no podrá abatir en los siglos de nuestra vida histórica.

Congreso normalizador de la CGT, 1968. Extracto de la Intervención de Raimundo Ongaro



Nosotros durante años no dijimos nada, cuando veíamos los acuerdos de los núcleos y los dirigentes, acuerdos hechos a espaldas nuestras y de los obreros. Nunca dijimos nada, todo lo aguantamos por el pueblo, por la patria y por los trabajadores. Todo lo aguantamos por la unidad, solidaridad y disciplina. Nos íbamos con  amargura, tratábamos de justificarle todo a esos dirigentes que hoy se han ido. A esos dirigentes que hoy, cuando en una votación sencilla y normal ganan los hijos de los pobres se han enojado. Les vamos a abrir las puertas, les vamos a abrir los brazos, pero quiero que en la moción conste esto: que esta comisión de poderes que eligió el Congreso también se eligió con todos los atributos de los que, sin tener miedo a perder la vida, han venido a desafiar y a decir la verdad que otros tienen de la piel para adentro, pero ni esa verdad se animan a decir.
Hoy estamos acá, agraviados en nuestra dignidad, pisoteados en los derechos del pueblo, despojados de nuestras conquistas, todos nos han humillado y todavía porque venimos a gritar la verdad, para que no irritemos a los que nos están golpeando nos tendríamos que callar o tal vez tendríamos que ser participacionistas.
Nosotros hemos dicho que preferimos honra sin sindicatos y no los sindicatos sin honra, y mañana nos pueden intervenir. No tenemos aquí ninguna prebenda personal que defender, pues para defender a nuestros compañeros no hace falta el sillón ni el edificio. Lo hacemos porque lo llevamos en la sangre desde que hemos nacido.
Les advierto esta noche, si es que me están escuchando que lo sepan, que les hago un llamado todavía. Dígannos que no están de acuerdo, que piensan distinto, insúltennos, calúmniennos, pero no escriban estas tristes y negras páginas, que porque un gobierno y un ministerio no se animan a impugnarnos, tengan que ser compañeros los que se animen a decir y dejar escrito, que los invalidan a los propios compañeros trabajadores. 

Tomado de "los gráficos" 150 años. Buenos Aires, 2007